09 noviembre 2005

DISCRIMINACIÓN HOMOFÓBICA EN ROJO VIP


En un nuevo episodio del programa Rojo VIP de Televisión Nacional, quedó definitivamente descalificado Eduardo Valenzuela, representante gay de los biopositivos y destacado activista de la lucha contra el SIDA en nuestro país. A quien le cabe duda que su mérito de compositor y exponente del rock en el que expresa sus mensajes, sin una voz descollante, superaron ampliamente a la actuación de un Peter Rock que nunca ha tenido voz y hoy menos que antes, pues lo años pasan la cuenta a este gringo simpático, que como muchos de la "nueva ola" viven del afecto y reconocimiento histórico del público, también superó con creces a un Miguelo que es el más simpático del show, pero claramente no tiene voz y por supuesto también a la última representante de las mujeres, Irene Llanos cuya belleza y simpatía solamente, justifican su continuidad.

Pero Valenzuela tuvo la mala fortuna de caer en la decisión de la menos acertiva del jurado, que se ha caracterizado por emitir elogiosas opiniones sobre los evaluados para luego descalificarlos con su voto negativo, en una clara expresión del doble estándar y la hipocresía característica de nuestro país y nuestros medios y la falta de inteligencia emocional y de la otra, donde el argumento no tiene nada que ver con la decisión, rescatando a un Miguelo que desafinó pero "lo paso bien" contra un Eduardo Valenzuela compositor que se atrevió a cantar un tema de Charly García.

Sin embargo, no podemos responsabilizar absolutamente a Constanza Achurra, pues como dice el proverbio, "la culpa no es del chancho, sino del que le da el afrecho", y en este sentido mayor responsabilidad por este nuevo proyecto televisivo tienen "los creativos", que concibieron un programa musical donde se mezclaron cantantes de la década del 60 con la de los 80, lo que ha llevado a su conductor Rafael Araneda, al borde de la locura, donde la esquizofrenia y la bipolaridad afecta a más de uno de sus participantes y ha dejado en clara desventaja en ambos bandos, a los ídolos de ayer que continúan vigentes como consagrados, y a las fugaces estrellas más contemporáneas, que brillaron en épocas de la dictadura, con honrosas excepciones que valen la pena, como Alvaro Scaramelli y Oscar Andrade, de los que se espera el ganador de esta competencia, si los filtros de la cordura como el rating, las llamadas telefónicas y desaciertos del jurado no dicen otra cosa.

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