
Como si no fuera poco el dolor vivido y la herida abierta en los cuerpos y en las almas, no se puede aceptar "errores" reales o supuestos. A nadie le puede caber duda alguna que la primera responsabilidad política y moral es de la dictadura y de las fuerzas armadas, pero en el proceso de transición democrática, la responsabilidad de hacer todo y no sólo "lo posible" o lo deseable, para hacer verdad, reparación y justicia es de la Concertación, de sus partidos y de sus gobiernos, que no deben tener sólo gestos que más parecen morisquetas que el deber de cumplir con lo necesario.
Nadie duda tampoco que se ha avanzado, pero la reparación no ha sido modesta sino miserable, la justicia no sólo ha sido lenta, sino insuficiente, la verdad no ha sido completa sino que ha faltado transparencia y honestidad. La falta de información ha ido de la mano de la falta de participación. Los gobiernos han actuado con criterio de "Estado" cuando es el Estado el principal acusado y ha sido juez y parte en desmedro de las víctimas.
La presidenta no necesita mostrar lealtad a sus antecesores sino a los familiares y al país que clama por cerrar las heridas y el propio dolor que ella tan bien conoce por haberlas sufrido. Michelle Bachelet tiene que seguir siendo la madre, la hija, la hermana y la compañera de los deudos y de los dolientes para que de una vez termine la pesadilla, por eso adhiero a los planteamientos de Pamela Pereira que con gran autoridad moral, política y jurídica ha salido a criticar lo que es criticable.

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